derechosUnidad de Género, Generaciones y DDHH

En 1948, tras la barbarie de la guerra y las violaciones de los Derechos Humanos (DDHH), la Asamblea General de las Naciones Unidas, expresando la indignación de la humanidad, proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En Uruguay, aprendimos de DDHH como reacción frente a las violaciones masivas y sistemáticas ocurridas durante la dictadura. Eso motivó que se realizaran investigaciones y se impulsara un programa de reparación a las víctimas del terrorismo de Estado. Implicó también la revocación de los actos administrativos que impedían actuar a la Justicia en los casos amparados por la vieja Ley de Caducidad, que fue dejada sin efecto por una nueva.

Esa memoria del pasado reciente tiene sentido en la medida que se evoca desde un presente hacia un futuro y con un fin determinado. Concebimos la memoria como una estrategia de paz, para la formación de conciencia ciudadana y convivencia social.

La cuestión de los DDHH no es un tema estático sino cambiante, en consonancia con los cambios de la sociedad; tienen que ver con la calidad democrática de la vida de un país y también con el desarrollo del nivel cultural de la sociedad.

Este 10 de diciembre, a 67 años, muchas voces en el mundo se han unido para destacar el enorme significado que tiene la Declaración Universal para la humanidad. Pero esto no basta. Los DDHH no son sólo para conmemorarse una vez al año. Si no existe un verdadero compromiso, si se tolera un doble estándar o si los derechos se aplican de forma selectiva, la declaración será sólo una lista de buenos deseos.

Es necesario que trabajemos arduamente para favorecer y mejorar la vida de los hombres, mujeres y niños, independientemente de su raza, sexo, religión, nacionalidad, posición económica o nacimiento, contribuyendo así a la realización de todos y cada uno de los derechos enunciados en la Declaración Universal.

 

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